Maureen Schilling nunca vaciló dos veces para vacunar a sus niños.
Esta madre de Indianápolis de 46 años de edad ha sufrido de asma por mucho tiempo, de alergias graves y severas y de un sistema inmunitario debilitado que su médicos de familia creen se derivan del sarampión infantil y de sus complicaciones resultantes.
"Mi marido me embroma, 'Cada vez que hay un germen circulando, tú lo atrapas', dijo Schilling, quien ha sido hospitalizada dos veces por neumonía. "Lo que yo sé al respecto es lo que mi madre y mi abuela pudieron decirme —parece el peor panorama que uno pueda tener".
"A los 7 meses de edad, me dio una fiebre alta y me salieron manchas y ampollas en carne viva por todo el cuerpo y estaba deshidratada", dijo ella. Durante una estadía larga en el hospital, sufrió de una reacción alérgica a un antibiótico, lo que le ocasionó anafilaxia, una afección que pone en riesgo la vida. Dejé de respirar y me dieron una inyección de epinefrina para contrarrestar la reacción.
A los 4 años de edad, le extrajeron las amígdalas y los adenoides y le insertaron tubos en sus oídos. Entre tanto, su hermana, que había recibido todas las vacunas disponibles, incluyendo la vacuna contra el sarampión, era una niña mucho más saludable.
Sus experiencias han formado sus puntos de vista sobre las vacunas, y la han motivado para que sus niños tengan todas sus vacunas al día. su hija de 20 años y su hijo de 23 partieron a la universidad con las vacunas de refuerzo recomendadas.
A la señora Schilling le preocupa lo fácil que es para las enfermedades propagarse por todo el mundo. Ella teme las consecuencias que se puedan presentar si las personas dejan de vacunar a sus niños.
"No quiero vivir en un mundo donde la poliomielitis, el sarampión, la rubeola, la viruela y enfermedades como esas regresen".
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