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Problemas de salud
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COVID-19 persistente en niños y adolescentes

​Por Peter Rowe, MD, FAAP

La mayoría de los niños y adolescentes que dan positivo de COVID-19 tienen síntomas leves o incluso no presentan síntomas. Pero está ocurriendo que algunos experimentan síntomas más de un mes después de haberse infectado con SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19. A esta afección se la conoce a menudo como "COVID persistente", "COVID de larga duración" o "COVID largo". Se están realizando investigaciones sobre ella.

¿Quiénes contraen COVID-19 persistente?

Nadie sabe exactamente cuántas personas que han tenido COVID-19 terminan sufriendo de COVID de larga duración. Un estudio (en inglés) sugiere que hasta el 52% de los adolescentes y adultos jóvenes entre las edades de 16 y 30 años pueden experimentar síntomas persistentes 6 meses después de tener COVID. Y la Oficina de Estadísticas Nacionales del Reino Unido informa que casi el 13% de los niños de 2 a 11 años y el 14,5% de los niños de 12 a 16 todavía experimentan síntomas después de 5 semanas.

Lo que sí saben los expertos es que el COVID de larga duración puede ocurrir incluso en personas que tenían síntomas leves o ningún síntoma de COVID-19. Es posible que los síntomas que experimentaron durante la infección aguda no desaparezcan, incluso mucho después de que la infección haya desaparecido. A veces, los síntomas de COVID persistente comienzan después de que la persona se siente mejor. O, si eran asintomáticos (no tenían síntomas de COVID), pueden experimentarlos semanas después. Cualquiera de estos síntomas puede ser nuevo y diferente, o pueden ser los mismos que los que tuvo su niño o adolescente durante la infección por COVID.

El COVID-19 nos acompañará por mucho tiempo

Por Melissa Lynchy

El COVID no afecta a los niños, ¿verdad? Eso es lo que pensábamos al comienzo de esta pandemia.

Acabábamos de mudarnos, y las escuelas locales estaban funcionando con el modo de aprendizaje virtual e híbrido. Aún necesitábamos que la conexión de Internet llegara a nuestra casa, por lo que fuimos a un lugar público para tener acceso al wifi. Solo había aproximadamente siete estudiantes más en el edificio. Se implementaba el distanciamiento social, pero no se exigía el uso de mascarillas en interiores para reuniones de menos de 10 personas en ese momento.

Dentro de los tres días, nos enteramos de que uno de los niños que estaba en el edificio había dado positivo de COVID. Dentro de otros tres días, nuestra hija de 11 años, Wednesday, comenzó a tener síntomas leves de COVID. Como precaución, su médico coordinó su atención en un hospital virtual para niños positivos de COVID. Sus síntomas siguieron siendo leves: dolores de cabeza, pérdida del olfato, fatiga extrema. Yo controlaba sus signos vitales cada dos horas e informaba las novedades al hospital virtual tres veces al día.

Solo hubo tres días en los que corrimos un poco de riesgo. Los niveles de oxígeno de Wednesday bajaron a los 70, por lo que recibió tratamientos con albuterol cada cuatro horas. Su respiración se estabilizó y le dieron el alta del hospital al final de ese mes para que reanudara sus actividades normales y la escuela. No nos dimos cuenta de que nuestro camino apenas había comenzado.

Wednesday solo pudo estar de vuelta en la escuela durante un día antes de que volviera el letargo. Consultó a su médico de atención primaria y le diagnosticaron COVID-19 posagudo. El letargo, acompañado de dolores de cabeza, fatiga extrema y fiebres bajas intermitentes, duraron hasta diciembre.

En enero, su cardiólogo la autorizó a volver a realizar su actividad física normal. Intentó volver paulatinamente a sus actividades de porrista, pero después de tres semanas, regresó a casa de la práctica sintiéndose letárgica y tuvo una fiebre que alcanzó los 103.4° F. No pudo levantarse de la cama durante tres días.

Wednesday ni siquiera podía seguir el ritmo de las clases virtuales y se quedaba dormida dondequiera que se sentara. La sacamos de un entorno escolar estructurado para darle la flexibilidad necesaria por razones médicas y la educamos en casa. Durante la educación en casa, nos dimos cuenta de que no retenía lo que estaba aprendiendo, podía ver un documental y no recordar nada al respecto.

Ella había sido una estudiante del cuadro de honor en una premiada escuela de enfoque especializado y había obtenido resultados por encima de su nivel de grado en varias materias. Ahora, ni siquiera podía tomar notas, retener o recordar información. En poco tiempo, sus niveles cognitivos en el aprendizaje demostraron estar en el percentil 31 y dos niveles de grado atrasados.

Wednesday, que actualmente tiene 12 años, cumplió tres veces con los protocolos de prueba para el síndrome inflamatorio multisistémico en niños (MIS-C, por sus siglas en inglés). Le han diagnosticado malestar posesfuerzo y síndrome de taquicardia ortostática postural (POTS, por sus siglas en inglés). Desde enero, ha tenido 23 recaídas de síntomas posteriores al COVID. En promedio, ocurren con dos semanas de diferencia. Cada recaída parece ser diferente y presentar síntomas nuevos cada vez.

Está empeorando. Al momento de escribir este artículo, tiene los ganglios linfáticos inflamados y 103.2° F de fiebre. Está lidiando con síntomas cardíacos como latidos cardíacos rápidos, presión en el pecho, desmayos y fluctuaciones importantes en su presión arterial. Tiene síntomas gastrointestinales como vómitos y dolor abdominal, y problemas neurológicos como pérdida de la sensibilidad en las extremidades inferiores. Recientemente tuvo una convulsión.

Los ojos de mi hija, que alguna vez fue feliz y enérgica, ahora están nublados. Falla como una computadora que se reinicia durante las tareas cotidianas normales.

El COVID-19 sí afecta a los niños. Nosotros lo sabemos demasiado bien. Incluso los niños que no presentaron síntomas o solo presentaron síntomas leves mientras estuvieron infectados, pueden desarrollar los síntomas debilitantes del COVID prolongado. No le deseo esto a nadie.

Melissa Lynch, CMA, RMA, es la directora principal en los Estados Unidos de la organización internacional de padres de niños con COVID prolongado.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas más comunes del COVID de larga duración incluyen:

  • Fatiga

  • Dificultad para pensar o concentrarse, también conocida como "niebla mental"

  • Tos

  • Problemas para respirar

  • Dolor articular o muscular

  • Dolor en el pecho

  • Depresión o ansiedad

  • Dolor de cabeza

  • Fiebre

  • Palpitaciones del corazón

  • Pérdida del olfato o del gusto

  • Aturdimiento al ponerse de pie

Hay una variedad de síntomas crónicos que su hijo puede experimentar después de tener COVID-19. Los síntomas específicos que tenga su hijo podrían depender de la gravedad de su infección por COVID. Por ejemplo, si su hijo estuvo en la unidad de cuidados intensivos (UCI) con un respirador, es posible que tenga cansancio y músculos débiles, así como una frecuencia cardíaca rápida y confusión mental. Estos son efectos comunes en personas que han pasado tiempo en la UCI.

¿Cómo se diagnostica el COVID persistente o largo?

No existe una prueba específica para diagnosticar el COVID de larga duración, de modo que se diagnostica en función de los síntomas. Su pediatra puede realizar otras pruebas o derivarle a un subespecialista pediátrico, en particular si los síntomas continúan por más de tres meses. Esto es para asegurarse de que no haya nada más que esté causando los síntomas de su hijo.

¿Cuánto dura?

Eso aún se desconoce. Es necesario realizar más estudios para comprender lo que está sucediendo.

¿Qué lo causa?

Los investigadores todavía están tratando de averiguar qué causa que algunas personas experimenten COVID de larga duración. Probablemente pasarán algunos años hasta que sepamos más.

¿Cómo se trata?

El tratamiento depende de los síntomas que tenga su hijo. Su pediatra tratará los síntomas individuales, como dolores de cabeza, aturdimiento o problemas para dormir.

Condiciones similares

Los síntomas de la COVID-19 de larga duración pueden ser similares o superponerse con aquellos de algunas otras afecciones, que incluyen:

  • Encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica

Es posible que su hijo sea una de las personas que no fueron hospitalizadas y que informaron los mismos síntomas que los encontrados en una afección llamada encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (ME/CFS, por sus siglas en inglés). Esto solía denominarse simplemente síndrome de fatiga crónica.

Pueden tener fatiga severa, aturdimiento, no sentirse descansados después de dormir y experimentar algo conocido como malestar post esfuerzo (PEM, por sus siglas en inglés). Los síntomas del PEM ocurren después de que realiza más actividad física o mental de lo normal, o permanece de pie durante mucho tiempo. Posteriormente, esto puede resultar en días de aumento de los síntomas como empeoramiento de la fatiga, dolores de cabeza y sensibilidad a la luz y al sonido. Esto es similar a lo que se experimentaría después de una conmoción cerebral.

La niebla mental es otro síntoma extremadamente común tanto de la ME/CFS como de la COVID de larga duración. En niños y adolescentes, esto puede verse como que desarrollaron repentinamente un trastorno de déficit de atención/trastorno de hiperactividad (TDAH) sin hiperactividad.

  • Intolerancia ortostática

Muchas personas con COVID de larga duración, especialmente niños y adolescentes, también pueden experimentar intolerancia ortostática. Esto le hace sentir aturdido, mareado, débil, o desmayarse cuando se sienta o se pone de pie durante más de unos minutos. Es causado por la reducción del flujo sanguíneo al cerebro y también se observa en la ME/CFS. Los expertos creen que tener intolerancia ortostática influye en la sensación de cansancio de una persona y en la gravedad de su PEM.

Los niños que experimentan intolerancia ortostática pueden no tener energía para salir y moverse mucho. Es posible que tengan que sentarse en la ducha o acostarse después porque se cansan mucho por la combinación de estar de pie y el calor. Básicamente, tienen dificultades obvias para realizar las actividades que solían hacer antes de enfermarse.

Se han publicado informes que muestran que muchos pacientes adultos con COVID de larga duración tienen una afección conocida como síndrome de taquicardia postural ortostática (POTS, por sus siglas en inglés) una forma de disautonomía que implica problemas con las funciones del sistema nervioso, como la frecuencia cardíaca. Esto también puede ser una causa importante de síntomas que incluyen aturdimiento y fatiga.

¿Qué sucede con el síndrome inflamatorio multisistémico en niños (MIS-C)?

Es posible que haya oído hablar del síndrome inflamatorio multisistémico en niños (MIS-C, por sus siglas en inglés), una afección grave que puede estar relacionada con el COVID-19. Sin embargo, los médicos aún no saben con certeza qué causa el MIS-C. Simplemente saben que muchos niños que lo han tenido, tuvieron COVID-19 o estuvieron cerca de otra persona que lo padecía. Además, tenga en cuenta que el MIS-C es poco común.

Cuándo buscar ayuda

Asegúrese de ver a su pediatra si cree que su hijo puede tener COVID persistente. Muchos centros médicos en los Estados Unidos están creando clínicas de atención post-COVID para que puedan tratar el COVID persistente de manera más efectiva. Su pediatra puede ayudarle a encontrar un subespecialista o una clínica si su hijo lo necesita.

Recu​erde

Las vacunas son la mejor manera de proteger a su familia contra el COVID-19 y las condiciones posteriores a la enfermedad, incluido el COVID persistente o de larga duración. Actualmente, las vacunas están disponibles para cualquier persona mayor de 5 años. Se están realizando ensayos clínicos​ para niños de hasta 6 meses de edad.​

Más información:

Sobre el Doctor Rowe

Peter Rowe, MD, FAAP, es profesor de pediatría en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y se desempeña como director de la Clínica de Fatiga Crónica en el Centro Infantil Johns Hopkins. Es miembro del Capítulo Maryland de la American Academy of Pediatrics.




Última actualización
11/2/2021
Fuente
American Academy of Pediatrics (Copyright © 2021)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.
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