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Viajar en avión con un bebé

No estamos seguros qué es más estresante: ser el pasajero que se da cuenta de que se sentará junto a un bebé llorón de otra persona o ser el padre o la madre de ese bebé. Sin embargo, afortunadamente para todos los implicados, muchos bebés de pocos meses de edad viajan sin problemas cuando vuelan; con bastante frecuencia, tienden a ser los que gatean y los niños pequeños los que se ponen fastidiosos y molestos cuando se les tiene restringidos, pero de eso se puede escribir un libro completo aparte.

El llanto en las alturas

Los bebés de todas las edades lloran por diversas razones, así que con las restricciones de espacio de los aviones, intente ser más ingenioso cuando trate de calmar a su niño cuando llora. Cuando lo haga, consuélese con saber que el zumbido de los motores usualmente limita la distancia a la que se puede oír el llanto de un bebé. Mantenerse relajado puede ayudar bastante cuando intenta calmar a su bebé y tiene que permanecer sentado.

Revise las cosas que suelen molestar a su bebé y actúe según el caso: ¿Está mojado, sucio o aburrido; tiene hambre, frío o calor? Si hay mucha luz, intente cerrar la persiana de la ventana; si su bebé está curioso por ver algo, muéstrele la vista hacia el exterior o las páginas de la revista de la aerolínea.

Si todo falla, trate de que no lo importunen unas cuantas miradas fastidiosas a su alrededor y recuerde que la mayoría de personas simpatizan con los padres de un bebé que llora. Después de todo, todos fueron bebés alguna vez, muchos han tenido que intentar apaciguar a alguno en un lugar público en algún momento en el pasado, es poco probable que tenga que lidiar con alguna de estas personas otra vez  y, por último, lo superarán.

Los oídos lo sufren

Antes de que abordemos el tema del dolor de oído en los aviones, permítanos primero confirmarle reiteradamente que muchos bebés no sufren ninguna incomodidad. Hasta que sepa que su niño (y usted) no se veran afectados, la idea de un bebé gritando porque tiene dolor de oído es probablemente uno de los aspectos más temidos de los viajes por avión. Y por propia experiencia, podemos decirle que tiende a ser más desconcertante cuando le pasa a su bebé.

Cualquiera de ustedes que haya volado antes sabe que los oídos pueden ser muy sensibles a los cambios de presión. Si nos ponemos en la función del pediatra por un mometo, esto se debe a que el oído externo está separado del oído medio por una delgada membrana llamada la membrana timpánica o tímpano. Al experimentar una diferencia de presión en esta membrana se origina una sensación que experimenta 1 de cada 3 pasajeros (niños más que adultos) como una audición temporalmente amortiguada, molestia y hasta dolor. Desafortunadamente, el hecho de tener la nariz tapada o un resfriado puede aumentar las probabilidades de que un niño tenga problemas de oído.

Para un adulto, mascar chicle o bostezar es a menudo todo lo que se necesita hacer para que la presión del oído medio se equilibre, vuelva a lo normal  y haga que los oídos tapados se destapen con un “estallido”. Quizá parte del motivo por el que los bebés tienden a quejarse más de los oídos que los adultos se debe a que mascar chicle simplemente no es una opción y aún no conocemos a un bebé que pueda bostezar cuando se le pide que lo haga.

Si su bebé está resfriado o tiene una infección de oído, hable con su pediatra para ver si le puede dar un analgésico para niños. Lamentablemente, los descongestionantes no han resultado útiles y, de hecho, no se recomiendan para uso en bebés. Para niños que tienen molestia significativa en los oídos asociada con un resfriado o infección de oído, es posible que sea mejor posponer el vuelo, en lo posible. Si sus planes de viaje no pueden ser cancelarlos debido a un resfriado, debe estar consciente de que habrá más probabilidades de que tendrá de lidiar con el dolor de oído cuando suba abordo.

Nivel del ruido

Los niveles de ruido de la cabina de los aviones puede oscilar entre 60 hasta 100 decibeles y tienden a ser más altos durante el despegue. Usar motas (copitos) de algodón o pequeños tapones para los oídos puede ayudar a disminuir el nivel de decibeles al que está expuesto su bebé y ayudarle a conciliar el sueño o que se relaje.

Chupar o succionar puede aliviar las penas

Una vez abordo, es bueno saber que existe alguna alternativa práctica y realista en lugar de la goma de mascar (que, por razones obvias no lo puede usar a esta edad, no importa que tan desesperada esté) que funciona muy bien con los bebés cuando se trata de aliviar la presión del oído. Esa alternativa es succionar o chupar.

Los pediatras, asistentes de vuelo y padres experimentados coinciden en sugerir que se ofrezca un biberón, el pecho o un chupete durante los momentos en que los cambios de presión en la cabina pueden ser mayores: durante el despegue y en el descenso inicial. Observará que mencionamos descenso inicial, no aterrizaje. Eso se debe a que el cambio de presión es típicamente lo que más se nota aún cuando falte media hora o más para el aterrizaje, según la altitud de crucero del vuelo. Cuanto más alto se encuentre, más pronto inicia usualmente el descenso en el vuelo.

Si por lo general no tiende a notar que sus oídos se destapan con un sonido “pop” y el capitán no anuncia los planes para el descenso inicial, siempre puede pedirle a algún asistente de vuelo que le indique cuando sea buena idea que el niño comience a succionar. Si succionar no ayuda y su bebé parece estar molesto, permanezca tranquilo y trate de frotar los oídos de su hijo y entonar una canción tranquilizante. Incluso si descubre que nada funciona a poco tiempo de tocar tierra firme (y con presión normal de aire), recuerde que ha hecho todo lo que ha podido y que la mayoría de bebés que tienen dificultad con el dolor de oído en los aviones tienden a superarla.

Para obtener más información:

Última actualización
12/5/2017
Fuente
Heading Home With Your Newborn, 2nd Edition (Copyright © 2010 American Academy of Pediatrics)
La información contenida en este sitio web no debe usarse como sustituto al consejo y cuidado médico de su pediatra. Puede haber muchas variaciones en el tratamiento que su pediatra podría recomendar basado en hechos y circunstancias individuales.
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